En medio del desgaste que atraviesan las principales fuerzas políticas en Querétaro, Manuel Urquiza se posiciona como una alternativa que apuesta por una fórmula distinta: ser ciudadano antes que político y mantener una relación directa con la gente.
Su discurso parte de una crítica hacia una clase política que, desde su perspectiva, ha convertido el servicio público en un espacio para favorecer intereses personales, familiares y de grupo.
Urquiza habla desde la experiencia de quien conoce las dificultades que enfrenta un ciudadano común y sostiene que gobernar no debe significar alejarse de la población ni utilizar el poder para beneficio propio.
El señalamiento alcanza al PAN, donde cuestiona la presencia de familiares y personas cercanas a grupos políticos dentro de distintas áreas de los gobiernos municipales y estatales. Para Urquiza, esta situación alimenta la percepción de nepotismo e influyentismo y aleja a las instituciones de quienes realmente deberían ser su prioridad: los ciudadanos.

Morena tampoco queda fuera de sus críticas. Urquiza señala que las disputas internas y la lucha entre grupos por los espacios de poder terminan desplazando las necesidades de la población. Cuestiona, además, que algunos políticos que llegaron al poder bajo la bandera de “no robar, no mentir y no traicionar” terminen, desde su perspectiva, reproduciendo las mismas prácticas que antes criticaban.
Y respecto al PRI, considera que su presencia política en Querétaro está prácticamente reducida a su mínima expresión.
Frente a este escenario, Urquiza se coloca en un espacio que hoy resulta atractivo para un sector de la ciudadanía: el de una figura cercana, accesible y crítica de las estructuras partidistas tradicionales.
Su perfil busca conectar con quienes no se sienten representados por las cúpulas políticas y con ciudadanos que quieren ser escuchados más allá de los tiempos electorales.
La cercanía con la gente es uno de los elementos que distinguen su posicionamiento. Urquiza mantiene un discurso enfocado en las preocupaciones cotidianas de las familias: seguridad, economía, servicios, oportunidades y calidad de vida.
Pero también plantea una idea más amplia: que quien llegue a un cargo público no olvide de dónde viene ni para quién trabaja.
En un escenario donde los partidos enfrentan cuestionamientos por conflictos internos, intereses de grupo, nepotismo y desgaste ante la sociedad, Manuel Urquiza se posiciona como una opción ciudadana que busca romper con la lógica de “los mismos de siempre”.
Su apuesta está en demostrar que la política puede construirse desde la calle, escuchando al ciudadano y entendiendo sus problemas, y no únicamente desde las estructuras partidistas.
Por ello, su nombre comienza a tomar relevancia como una alternativa para quienes consideran que Querétaro necesita perfiles diferentes: más cercanos a la gente, menos comprometidos con las cúpulas y con mayor disposición para escuchar y servir.




